|
Poesía a TEQUISQUIAPAN |
|
|
|
martes, 08 de agosto de 2006 |
Están nublados los cielos
y húmedas vuelan las auras;
vamos tristes con achaques
de perturbadores del alma,
sobre dos mansos corceles
al alborear la mañana,
preguntando al indio rudo
¿dónde queda Tequisquiapan?
Todo el campo es verdura,
todo en el camino es agua,
todo en derredor son montes,
todo a lo lejos barrancas.
Después de tres largas horas
burlaron nuestra esperanza,
vimos como de honda sima
sacar la cabeza blanca
a la torre medio hundida
del risueño Tequisquiapan
el de las vegas tendidas,
el de caudalosas aguas,
el de paisajes divinos,
el de campos de esmeralda;
el de baños voluptuosos
que tienen ninfas de plata
el de gigantes sabinos,
el de las frondosas parras,
todo en el cielo es contento,
todo en los aires fragancia
todo vive satisfecho,
¡ay! menos la raza humana,
que son órganos sus muros
y de zacate sus casas.
allí encuentran los viajeros
en vez de calles, barrancas,
y en sus fértiles veredas
y su solitaria plaza,
holgado gruñe el marrano
y los canes se solazan,
cuando se duermen tranquilos,
pues de pereza no ladran.
Hay un portal arruinado
donde maíces se despachan,
y otros que se hallan en conato
pues techo y arcos le faltan
tan sólo un ojo subsiste,
y aquella tuerta fachada,
adivinanza de piedra,
torpe y maciza charada
tiene como las narices
en su interior dos ventanas,
que parecen sorber gente
cuando alguien por allí pasa.
Es la parroquia un zorongo
que no corona la plaza
forma en su occipucio
indigna protuberancia,
que es insulto de la vista
y del Ser Supremo es ganga.
Color de rosa se ostenta
como el moño de una maja;
es un sorbete de fresa,
marquesote con campanas,
catedral con zagalejo
o de capa de anafalla,
que de mirarse tan fiera
le sale el rojo a la cara,
es un mégano de piedra
que la bilis no derrama,
de matatena y peñasco
una indecente maraña,
último timbre de gloria
del arquitecto Juan Rana.
Los carneros se ejecutan,
cual bandidos; en la plaza,
y sus cuartos se suspenden
de trecho en trecho en escarpias,
más bien como tentaciones
que como gozo de panzas.
Esto en materias carnales
es lo único que entusiasma
hasta el presente, veremos
lo que el tiempo nos aclara.
Gozan pollos y gallinas
inmunidad diplomática,
pocas veces se ejecutan
y nuestro brasero manchan.
Son cerdos y chiles verdes
la tuna alegra los postres
y el rico mezcal las danzas.
Las ollas llenan su objeto
en medio a las luminarias,
y al mirarlas, por el humo,
las lágrimas se nos saltan.
Sin pensarlo comenzamos
a describir la posada;
de la fonda, amigos caros,
son aquesas pinceladas.
Pero damos unos pasos
y entramos en nuestra estancia;
es un cuadrado pequeño
con un frisito escarlata,
disimulo de mestizos,
careta de las arañas.
Tiene dos bancas enormes
con su barandal de tabla,
macizos como la piedra
y de interminables zancas.
La pared en algún tiempo
debió haber sido blanca,
en donde de zoología
se puede establecer cátedra,
porque existe desde el grillo
hasta la vil garrapata.
En las grietas y agujeros
de nuestra triste morada,
es de natural historia,
una palpitante página,
que encierra desde el gorgojo
hasta la dañina rata.
En la pared varias manos
hay a distancia estampadas,
cual si de huéspedes fuera
sola y maciza toalla,
o si dijera, ¡qué mano!
al que aquí la noche pasa:
las vigas del azul de cielo
y entre sus pinturas, agua.
Tiempo vendrá en que los aires
formen concierto las ranas.
El solo adorno del cuarto,
la joya, la única alhaja,
es pendiente de las vigas
y en argolla, no alcayata,
llena de gazas y nudos
una furibunda reata,
para colgarse excelente,
y no es difícil lo haga
esta mancuerna proscripta,
no este dúo de desgracia
este matrimonio obtuso,
que hizo el general Santa-Anna.
Esta yunta, esta mancuerna
que tan sin brújula marcha,
y anda, como el refrán dice,
la pobre a salto de mata.
De seducción no hay cuidado,
porque es otomí su charla,
y bien pudiera elocuente
ser uno cual la Araucana.
Los solos que alzan el grito
en estas bellas comarcas,
son asnos cantando amores
y desahogando sus ansias.
El bufido de los toros
y el balido de las cabras,
ni en periódicos se piensa,
ni los desvelan proclamas;
pero en cambio tienen levas
y les cobran alcabalas.
Entre las gentes de trato,
como aquí se dice, blanca,
tenemos arrimo noble
y franqueza hospitalaria;
sensibles y buenos pechos,
grandes y elevadas almas,
que llanan tiernos de flores
nuestra cadena pesada,
y por lo que al Ser Supremo
alzamos nuestra plegaria,
proscritos reconocidos
del seno de la desgracia.
Pero volviendo de nuevo
con gozo a la fácil charla,
decimos que este es teatro
de venideras fazañas,
de Fidel el ermitaño
y de Don Froilán Espátula,
que face la melesina
con hongos o verdolagas.
A ti, Querétaro hermoso,
Edén para nuestras almas,
relicario de recuerdos
de los amigos que te aman,
a ti mandamos suspiros
ya que no motes ni galas,
a ti la noble matrona,
la cumplida cortesana.
La de los valles risueños
y pintorescas montañas;
la de garridos donceles,
la de primorosas damas,
la de tiernos caballeros
amigos de la desgracia;
a ti unidos bendecimos
tierra de memorias gratas
sentados frente a la iglesia
del desierto Tequisquiapan.
Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor valídate o regístrate. |
|
|
AVALUOS |
|
|