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Puntos de Interés en Tequisquiapan Imprimir E-Mail
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miércoles, 09 de agosto de 2006
Plaza Miguel Hidalgo

Explanada rodeada de arcos de cantera, con un hermoso kiosco construido a principios de siglo. En sus portales se puede disfrutar de un buen café y de una deliciosa comida, recorrer las diferentes tiendas de artesanías o simplemente sentarse a admirar el vaivén de quienes ahí habitan o vacacionan.



Ubicación: entre Independencia y Morelos Zona Centro.


Templo de Santa María

Hermoso templo construido en diversas etapas, muy posiblemente desde el siglo XVI. Fue concluido en 1874 y cuenta con una fachada neoclásica de columnas de cantera y una singular torre restaurada a sus colores originales. En su parte superior se encuentra un reloj que data de 1897.

Ubicación: Plaza Miguel Hidalgo. Zona Centro


Centro Geográfico

Monumento de corte moderno que conmemora el decreto que hiciera Don Venustiano Carranza en 1916 - 1917, en el que declara a Tequisquiapan como Centro Geográfico del País.



Ubicación: Centenario y 5 de Mayo


Club de Leones

Edificio que posiblemente fuera un antiguo templo, ostenta parte de su torre y sus cruces en cantera. hoy en día es un recinto cultural donde se presentan recitales y obras de teatro.



Ubicación: Cuauhtémoc y 5 de Febrero


Información General

Tequisquiapan se encuentra al sureste del Estado de Querétaro, a dos horas del Distrito Federal por la autopista 57, a 20 minutos de San Juan del Río y a 40 de la capital queretana (ver mapa) y es el centro geográfico de la República
A una altura de 1,880 m.s.n.m. una extensión territorial de 343.6 km2, su clima es templado con temperatura media anual de 1 7.4 C.

La región que ocupa el municipio de Tequisquiapan, estuvo habitada por chichimecas. Los primeros españoles llegaron en 1551 y fundaron la llamada Santa María de la Asunción y de las Aguas Calientes.
En 1656 su nombre fue modificado por el de Tequisquiapan, palabra náhuatl que significa "lugar de agua y tequesquite". En 1861, por Decreto se eleva a la categoría de Villa y en 1939 se crea en forma definitiva el municipio de Tequisquiapan.

Esta es una población que conserva su imagen virreinal con sus angostas calles y plazuelas llenas de flores. Su agradable clima, permite realizar las más diversas actividades al aire libre, como tomar el sol junto a la alberca, acampar o hacer gratos paseos a caballo en los alrededores.


Centro Geográfico del País
Cuenta con numerosos balnearios, hoteles y restaurantes para diferentes presupuestos y es la segunda ciudad del Estado en importancia turística. En Tequisquiapan la diversión está en todas partes y a todas horas.
ARTESANÍA
La artesanía es otro de sus atractivos. Los trabajos de cestería son muy variados así como las labores hechas en lana de bello colorido. En algunas zonas de esta región se encuentran minas de piedras semipreciosas como el ópalo, que es tallado con gran destreza.

FIESTAS Y FERIAS
Tequisquiapan conserva sus tradiciones religiosas y populares. Una de las más importantes es la Feria del Queso y el Vino, que se realiza entre los meses de mayo y junio, donde numerosos participantes exponen y comercializan sus productos; además de realizarse charreadas, teatro al aire libre, conferencias, exposiciones y conciertos.


Feria del Queso y el Vino
- Del 27 al 30 Marzo Celebración de Semana Santa
- Jueves 11 de Junio Convenio de Intercambio Cultural Circuito Zona
a las 18:00 Hrs. Centro-Occidente
Grupo cantores del Estado de Colima
En la Plaza Principal
- Viernes 5 al 26 de Junio Convenio de Intercambio Cultural Circuito Zona
a las 18:00 Hrs. Centro-Occidente
Inauguración de la exposición
Obra: "Dos artistas del grabado del Estado de Tlaxcala"
Centro Cultura Tequisquiapan.
- Del 16 al 26 Julio Feria del Queso y el Vino
- 22 de Julio Aniversario de la Fundación de la Ciudad.
- 15 de Agosto Fiesta Patronal: Sta. María de la Asunción
- 8 de Septiembre Natividad de María
- 16 al 22 de Diciembre Posadas con Carros Alegóricos
LUGARES DE INTERÉS

Plaza Cívica Parroquia de Sta. María de la Asunción.
Este templo fue construido en 1874 con un estilo arquitectónico propio del neoclásico; sin embargo su construcción quedó incompleta terminándose a principios del presente siglo. Su fachada es de cantera rosa; en la parte superior se encuentra un reloj que data de 1897.
En el interior la decoración es sencilla, destacando el coro, el sotacoro, un bautisterio con pila monolítica y la imagen de la Patrona en el retablo principal.
Temple de Nuestro Padre Jesús
Este pequeño templo tiene una portada muy sencilla y torre de un cuerpo, su planta es de cruz latina y la bóveda de cañón.

Plaza Cívica
Es un sitio muy agradable rodeado de portales, que se encuentra en el centro de la ciudad. A un lado se localiza un acogedor jardincito que lo adornan una fuente y un kiosco construido en el siglo XIX.

Pequeño Museo.- En la antigua recepción del hotel El Relox, se encuentra un pequeño espacio museográfico denominado Museo de la Constitución, en el que se incluyen algunos cuadros y mobiliario de la época constituyente.

Parque Recreativo La Pila Parque Recreativo La Pila.- Este parque se encuentra en el que fuera un antiguo molino, en donde todavía se conserva la pila que almacenaba el agua para su funcionamiento y que data de 1567; de ahí su nombre. El parque tiene áreas verdes, alberca, pista de patinar, canchas de tenis y baloncesto, juegos recreativos, cafetería y estacionamiento.
Centro Cultural Tequisquiapan.- Inaugurado en 1991, en este Centro se presentan exposiciones temporales, conferencias y videos culturales. También se imparten clases de piano, guitarra, creación literaria, pintura, danza, ballet y serigrafía entre otros. Aquí se encuentra la Biblioteca Municipal.


Fin de Semana en Tequisquiapan

Texto: Ángel Valtierra

Tequisquiapan, “Tequis”, o simplemente TX. Su clima y manantiales han atraído a visitantes y colonos que buscan un refugio donde evadirse del tráfago cotidiano. Después, sus hijos trajeron la parafernalia propia del fin de semana.

VIERNES

A decir verdad, empiezo a sentirme de escapada cuando cruzo la caseta, aunque, si se puede, nada como alargar el fin de semana comenzando con la comida del viernes. Además, hay veces, como ésta, en que se puede encontrar una comida excelente y en un sitio singular: ocho kilómetros después de San Juan del Río, ya rumbo a Tequis, está el RANCHO EL 7, donde se puede probar un filete en salsa de tuétano o un chile ancho relleno de tres quesos con una buena cerveza por unos cien pesos, y con vista a un jardín enorme cariñosamente cuidado. Ya sin prisa, se recomienda caminar por el lugar, ya sea para el lado de la alberca o para el del rancho-rancho, donde hay chivos, patos en el estanque y un invernadero.

Si se entra a Tequisquiapan por donde está la gasolinera, la calle que se toma es Niños Héroes, que culmina nada menos que en el centro geográfico de la República. Ah, ¿verdad? Un poco más adelante llegamos a la Plaza Miguel Hidalgo, ahí nos espera una reservación en el HOTEL LA PLAZA, donde nos instalamos.

Como estamos en horario de verano, aún alcanzamos la mejor hora para dar un paseo a orillas del río (del otro lado de la plaza), mientras se esconde el sol y sus últimos rayos iluminan la fronda de los sabinos que se reflejan en el agua.

Después, aprovechamos para dar una vuelta por el MERCADO DE ARTESANÍAS en la calle Carrizal, donde sobresalen los trabajos de mimbre y cestería entre una gran cantidad de chácharas venidas de todo el país.

Junto al mercado hay unos arcos; ahí se encuentra la LIBRERÍA RULFO, que llama la atención porque presenta el surtido más completo y serio de lo que uno podría imaginarse en un lugar tan céntrico y turístico. Preguntando por un libro sobre Tequis encontramos que el lugar es del poeta Armando Zamora, quien desde hace años ha impulsado de diversas maneras la vida cultural del pueblo. Y para no ir más lejos, nos invitan a la tertulia literaria que se realiza cada viernes en los altos del local. Allí, un grupo heterogéneo y animado comenta en esta ocasión la vida y avatares de la Malinche y nos invita a tomar un cafecito.

SÁBADO

Esta vez nos la tomamos con calma; nos levantamos tarde y desayunamos en el hotel, pues el plan para el turno matutino es nada más alberca, solecito y terminar con el tal Baudolino, que resultó un fiasco.

Ahora sí, a bañarse y a vestirse, porque vamos a 20 km de Tequis, donde dan visitas guiadas en las que uno aprende los procesos de elaboración del vino. Pasando Ezequiel Montes, a mano derecha y junto a un viñedo de 48 ha hay una construcción frente a la cual ondean las banderas de Cataluña, México y España. Es la sede mexicana de CAVAS DE FREIXINET, empresa familiar que se ha dado a la noble tarea de fomentar la cultura del vino abriendo sus puertas a quien quiera degustar, comprar o sencillamente curiosear en sus cavas, a 25 m bajo tierra.

El tour de las 14 horas, como todos, empieza con la exhibición de un video en el que se ve una colección de brindis champañeros de película, empezando con Bogart en Casablanca. Y es que aunque aquí se hacen también tintos y blancos, la especialidad de la casa son los espumosos, que si se hicieran en cierta región de Francia se podrían llamar champañas. La visita sigue con la explicación del método champenoise en medio de las prensas y los tanques de fermentación y luego nos llevan a las cavas donde el tiempo, la ubicación geográfica, la humedad, el silencio y una mano santa se encargan del resto. La lección –y el proceso– concluyen en donde se plantan corchos y etiquetas invitándonos a las actividades programadas para el resto del año que abarcan gastronomía, exposiciones, conciertos y la vendimia de agosto en la que tenemos la oportunidad de prensar la uva con los pies, aunque “sólo para mantener la tradición porque ese método ya no se usa”, según nos aclaran.

De regreso en el pueblo dejamos nuestras adquisiciones en el hotel y salimos a comer en CAPRICHO’S, que está cruzando la calle, a mano derecha. Bajo el título de comida franco-mexicana, este acogedor lugar nos ofrece exquisiteces que van desde el queso de cabra al hojaldre en salsa de flor de calabaza, hasta las costillas de cordero en salsa de menta y romero.

Paseamos ahora por el PARQUE LA PILA, al norte del pueblo, posiblemente el sitio donde se encuentra el verdadero corazón de Tequisquiapan. Actualmente es un espacioso parque público sembrado de ahuehuetes en el que resuenan las voces de niños corriendo por los jardines. En el siglo XVI aquí estuvo un molino y la pila que le da nombre fue durante muchos años el balneario donde se daban cita los chiquillos (y no tan chiquillos) del lugar. Aquí también resuenan los ecos del descanso y de la fiesta, de palabras de amor susurradas al caer la tarde y de la algarabía que anuncia pleitos y tragedias. Quizá por eso aquí se concentran también las historias de duendes y aparecidos, como ese Juan Pez que nadaba en la pila aunque estuviera seca.

Las siguientes dos horas las dedicamos a la exploración de los alrededores de la PLAZA MIGUEL HIDALGO, región consentida de los paseantes domingueros y, por lo tanto, bien provista de restaurantes y tienditas por donde deambulan tribus familiares en shorts y cuadrillas de adolescentes liberados que dejaron a los papás en el hotel o en casa de los cuates. No faltará, entonces, un lugar donde la señora encuentre un vestidito muy mono o algún adorno para la casa. Yo, por mi parte, sé que voy a quedar muy bien con unos individuales deshilados que conseguí a un lado del TEMPLO DE SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN, hermoso edificio de fachada neoclásica y una singular torre; en la parte superior hay un reloj que data de 1897. Hice mi buena obra comprándoles unas galletas de nata a las monjitas y me meto a un lugar que se llama DE ANTAÑO donde pruebo unos sabrosos y un tanto exóticos azucarillos, confites y deshidratados selectos, como ajonjolí garapiñado, yogur en tabletas y mermelada de jamaica; a la salida, voy suficientemente provisto como para empalagar al más goloso. Del breve recorrido, me llama la atención la LUDOTIENDA GARABATOS, lugar donde no sólo venden juguetes y libros infantiles, sino que anuncian: “Ve de compras o atiende tus compromisos mientras tus niños juegan”.

Al oriente de la plaza está EL KIOSCO, que es donde la gente del pueblo se reúne por las tardes a tomar un buen café. A estas horas, al buen café se le suma un ambiente bohemio y música en vivo, que va del rocanrol al jazz, todo enmarcado por una decoración decididamente instalada en la beatlemanía de filiación lenonista. Como debe ser.

DOMINGO

Para no perder la costumbre, buscamos un lugar en la plaza para el desayuno y escogemos el RESTAURANTE K’PUCHINOS, que abre a las nueve, y es suficiente para comer un plato de frutas y un café acompañado de orden de campechanas y polvorones. Ojo, el desayuno es ligero porque ahora sí vamos a caminar, y en serio.

BERNAL está a tan sólo 25 km al norte de Tequisquiapan. Se llega por Ezequiel Montes, donde se da vuelta hacia la izquierda y se avanza unos cuantos kilómetros más. Conforme nos acercamos, el célebre peñón se hace más impresionante y nos explicamos su fama de ser el tercero más grande del mundo, sólo precedido por el de Gibraltar, en España, y el Pan de Azúcar, en Río de Janeiro. Si ustedes (como su humilde servidor) piensan que no es manda subir hasta la cima, pero no quieren perderse el gusto de mirar el valle desde arriba, les recomiendo que aprovechen antes de que arrecie el sol y agarren camino; a ver hasta dónde llegamos.

Tomamos la calle Corregidora, al cabo de ésta encontramos un estacionamiento y los infaltables puestos de fritangas y recuerdos. Ahí distinguimos tres tipos de personas: unos muy animados, otros con la lengua de pechera y los últimos vendiendo algo a los anteriores. Como somos de los primeros, compramos una botellita de agua e iniciamos el ascenso a la voz de más vale paso que dure…

En el camino encontramos familias, grupos de colegiales e incluso algunos alpinistas profesionalmente equipados. Aunque casi todos hablamos español, la gama de acentos es variada: desde las niñitas que se preguntan en alemán cómo se dice, hasta esos huercos típicamente norteños, pasando por los oriundos de la Madre Patria. Subimos.

Hace un rato me detuve a recobrar el resuello en lo que parece la última sombrita, y aquí abajo los alpinistas decidieron dejar el camino para seguir por una pared gigantesca, casi vertical, en la que unos puntitos que se veían desde abajo van tomando forma humana. Ya puedo captar el pueblo entero de un vistazo. El camino se va desdibujando, y aunque sé que llega hasta la cúspide, el pum-pum en las sienes me hace pensar que cada vez está más empinado; así que me conformo con desearle suerte al pobre gordito que va haciendo hasta lo imposible por caerle bien a su papá; le doy un traguito más al agua y emprendo el camino de regreso, con mis penúltimos vestigios de galanura.

Como decidí echarme en la cabeza lo que me quedaba de agua, irremediablemente regreso a los puestos de fritangas formando parte del segundo grupo, o sea que tomo posesión de la primera silla y la primera cerveza que se me atraviesan. Después de un merecido descanso retomo el camino rumbo al pueblo, pasando por la CAPILLA DE LAS ÁNIMAS, y llego al centro: una pequeña zona de ocho o diez manzanas en torno al corredor que va del TEMPLO DE SAN SEBASTIÁN hasta el mercado. Provisto de un helado encuentro una sombra en el jardín y pregunto por el lugar que me han recomendado para comer.

Hay que decir que esa pequeña zona está ejemplarmente limpia y muy bien conservada en su placidez porfiriana. Además del templo del mártir flechado que data del siglo XVIII, puede visitarse, en la contraesquina, el MUSEO DE LA MÁSCARA, donde más que las máscaras yo les recomiendo que suban al segundo piso y disfruten de una pequeña galería que exhibe unos veinte carteles en los que aparecen otras tantas hermosas reinas de la primavera. El edificio ostenta un reloj antiguo que está fechado en 1900.

En torno de la plaza pueden elegir dónde comprar alguna de las tradicionales piezas talladas en ópalo, y luego pueden irse una cuadra por Hidalgo hasta la fuente, desde donde se tiene una espléndida vista de la PEÑA DE BERNAL, el mercado, el hotel y restaurante El Criollo y el propio portal de la esquina.

Para cerrar con broche de oro, propongo ir a comer a una casona que fue construida en 1827, donde estuvo el MESÓN DE SAN JOSÉ y de la que se dice está comunicada por pasadizos subterráneos con el templo de San Sebastián y con otras residencias importantes de aquella época. Sus actuales dueños, descendientes de los fundadores del pueblo, han conservado un ambiente decimonónico respetando su arquitectura y gran cantidad de objetos de su antigua decoración, pero no sólo eso, además, han montado en la parte trasera el acogedor RESTAURANTE EL MEZQUITE donde se sirve sabrosa comida mexicana a la sombra de los árboles y con vista a la peña. Para entrar al restaurante se atraviesa un patio que tiene una fuente al centro lleno de flores y puertas abiertas a las habitaciones de la casa.

Fuente: México desconocido No. 305 / julio 2002












 

 

 

 

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