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Sacerdotes, santos y mártires |
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miércoles, 07 de mayo de 2008 |
José Morales Flores
Querétaro, Querétaro. En estos días, nuestro Querétaro tiene la dicha de ser visitado, en distintos templos y colegios, por las Reliquias de seis jóvenes sacerdotes que mostraron su deseo de ser santos, venciendo las debilidades humanas, en una generosa entrega al Señor con la gracia del martirio.
Con respeto y devoción recordamos sus nombres:
El P. Miguel de la Mora de la Mora, de Tecalitlán, Jal. Cuidó del campo y de los ganados, fue buen jinete. En 1927 fue aprehendido y fusilado en la caballeriza del cuartel sobre el estiércol de los caballos, mientras rezaba el santo rosario.
El P. Pedro de Jesús Maldonado Lucero, nacido en Chihuahua, Chi. Fue alegre, amable, bondadoso y muy estudioso. Estando confesando a mucha gente el Miércoles de Ceniza de 1937, hombres ebrios y armados lo capturaron; un cacique de la región, con la colaboración de autoridades, le rompió el cráneo con un golpe de pistola y quedó moribundo mientras apretaba contra su pecho el relicario con la Eucaristía.
El P. José María Robles Hurtado, de Mascota, Jal. Muy devoto del Sagrado Corazón de Jesús, al que le cantaba y dedicaba poesías. Fundó una Comunidad Religiosa. En 1927 bendijo y besó la soga con la que le iban a ahorcar. Fue condiscípulo del Cardenal José Garibi Rivera.
P. Rodrigo Aguilar Alemán, de Sayula, Jal. Buen literato. Desempeñó su ministerio con celo y dedicación. Soportó una continua persecución, y decía "Los soldados nos podrán quitar la vida, pero la Fe nunca". En 1927 fue ahorcado en la Plaza Central de Ejutla. En lugar de gritar: "Viva el supremo gobierno", gritó, "Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe".
P. Luis Batiz Sáinz, de S. Miguel de Mezquital, Zacatecas. Promovió la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), a los Obreros Católicos, una Escuela Apostólica. Fue atento, amable, alegre, bondadoso. Siempre de buen humor, sobre todo con los niños. Con un gran amor a la Eucaristía. Dijo que la persecución era a causa de nuestros pecados, que los católicos no debían levantarse en armas. Lo fusilaron en 1926.
P. Mateo Correa Magallanes, de Tepechitlán, Zacatecas. En 1926 el Gral. Eulogio Ortiz lo mandó confesar a los rebeldes que iba a fusilar, lo quiso obligar a que le dijera los pecados oídos. El sacerdote fue fusilado por guardar el sigilo sacramental.
De Mons. Rafael Guízar Valencia (cuyas reliquias también nos visitan), conocemos su gran santidad y devoción popular.
Estos mencionados sacerdotes nos muestran el decidido esfuerzo que a diario hacen los miles y miles de seres humanos consagrados a Dios, siguiendo su vocación.
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